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Acabe dándole de comer a las palomas alrededor de las cuatro de la mañana. Termine siendo lo que todos decían que no debía ser, y emborrachándome por voces que se repetían en megáfonos en plena siesta.
Yo veo lo que los otros no pueden ver,
me arde el pecho en conjunto con el amor
mientras voy dibujando a destiempo, como de costumbre, todo este suéter de llamadas que nunca llegan. Estoy loca para quienes no hablan mi idioma, hablo en lenguas para todos los que no se sientan a verme en la escena.
Quiero bailar al ritmo de algo que deje de hacerme más trizas este corazón, necesito aprender como se saca dos por uno, mientras me dejan dormir en brazos de esos benditos ángeles que llegan a mi mientras todos duermen.
Hay un árbol caído justo ahora en mi pecho, no viene nadie al rescate hace ya tiempo, no tengo a quien pedirle auxilio. Una rama me atraviesa el corazón ya, ahora, en este mismo instante. No respiro, la vista se nubla, y ya nadie me ve.
"Ya llego la hora, ya llego tu momento mujer de cristal"
Deciles que no, que yo en el bosque en penumbras no se caminar, solo se llover y tropezar.

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