El alien en el carrito del supermercado

Detengo el carrito del supermercado, justo en la góndola de aceites y observo la diversidad de marcas que hay, miro los precios detenidamente recordando una clase de marketing, la cual presencié cuando fui ángel guardián de un muchacho de más o menos 23 años. Un pobre tipo sin ganas de vivir que se suicidó a los dos años de esa clase. Todo lo que caía bajo mis manos empezaba bien pero terminaba muy mal.
Me pongo de cuclillas para observar los precios que estan al final de la góndola, ahí están siempre los más baratos, eso decían en esa clase.
—Ay por dios ¿Esto es lo más barato?
Murmuró observando la etiqueta del precio. Niego y saco una botella de aceite. Me vuelvo a poner de pie, para meter el aceite dentro del carrito, y cuando voy a hacerlo dentro de este está el alienígena. Doy un pequeño saltito del susto y lo miro con pánico.
—Ya se que soy feo, pero tampoco es para tanto—murmura mirándome.—Hola, ser divino.
—¿Por qué estás adentro del carrito?—miro como sus delgadas piernas sobre salen del carrito. Es demasiado delgado y alto pero lo veo bastante cómodo dentro.—Hola. Disculpa, no saludé.
Le doy el aceite, y el lo sostiene para mirarlo con gran aprecio.
—Estoy acá adentro porque la fuerza de gravedad me hizo sentir la necesidad indefinida de...
—Estas ahí por qué te pinto ¿Cierto?
—Si.
—A veces hablas muchas cosas y no decís nada.
—Lo se.
—¿Entonces por qué lo seguís haciendo?—comienzo a mover el carrito con el adentro y voy mirando las góndolas.
—Porque me "pinta"—hace comillas con sus largos y delgados dedos, luego de decir la palabra "pinta". Yo me hecho a reír y el se une a mi.
La gente que pasa por nuestro lado ni siquiera nos nota, somos dos fenómenos dentro de un supermercado. Lo cual me deja tranquila.
—Pense que estabas enojado.
—Y lo sigo estando.
—¿Entonces que haces acá?
El alienígena da un cansado suspiro y niega, dejando a un lado el aceite.
—¡Haces muchas preguntas!—se queja—Preguntas innecesarias, me cansas.
Me detengo en seco.
—Entonces yo me cansé de llevarte a vos.
Saco el aceite del carrito y empiezo a caminar sola hacia el resto de las góndolas.
En menos de un segundo el grisáceo ser esta al final del pasillo mirándome.
—¿Como se dice cuando te arrepentis de algo?
—No se.
Paso por al lado de el sin mirarlo, y saco un pote de dulce de leche de la góndola. Lo siento caminar detrás mío.
—¿Por qué tenés un ala negra y otra blanca? ¿Acaso no tendrían que ser ambas blancas o ambas negras?
—Porque estoy bien y estoy mal.
—O sea que sos buena y sos mala.
—Si.
—Eso está bien.
—No lo creo.
—¿Como te llamas? Cada humanoide tiene un nombre.
—Yo no soy humanoide.
—Si, es verdad, pero ¿Como hago para identificarte dentro de una multitud? Sos bastante llamativa—dice señalando mis alas—Pero tu físico no debe ser mi señal entre una multitud. Decime quien sos ¿Como es tu nombre?
—No tengo. Bueno, si tengo, pero es uno viejo que tenía en el cielo. Y claramente ya no estoy en el cielo ¿Como te llamas vos?
El alienígena se encoge de hombros, para luego negar.
—Mi nombre me es amargo. Cada vez que me nombran me produce enojo o tristeza, porque siempre fue utilizado con el fin de resaltar mis errores. Así que no tengo nombre tampoco, porque claramente no estoy en mi planeta.
Levanto la mirada hacia el, me lleva como dos cabezas de altura y eso me hace reír. Me avergüenzo al momento de preguntarle lo siguiente.
—¿Sos chica o chico?
—En mi planeta no existen géneros, así que no se tampoco.
—Sos ambos entonces.
—Si, creo que sí.
—Tengo una idea, nos pongamos nombres nuevos. Y solo los vamos a usar entre nosotros dos.
—Me parece genial, pero contribuyó a la idea opinando que nuestros nombre nuevos nazcan en momentos bellos y que veamos merecedores.
Lo miro sin comprender.
—¿Por qué?
—Porque así va a ser aún más lindos recordarlos. Creo que la base de los buenos recuerdos es como nacen. Y quiero que tú nombre y el mío, sean buenos recuerdos para cuando cada uno este lejos.
No contribuyó más nada a su argumento, más que un asentimiento. Sus palabras me dejan muda, por lo tanto doy un suspiro tratando de procesar lo acontecido. El es un hermoso ser, un excelente compañero del tiempo, porque se que tarde o temprano cada uno va a ser distanciado por simples circunstancias de la vida. Porque el cambio es algo natural, y no podemos negarnos a ello.
—Ser divino, sigo enojado pero de todos modos volví, porque me dolía el cuerpo cuando pensaba en tu ser, y sentía una presión en el pecho que no me dejaba dormir bien.
—Entonces capaz me estabas extrañando.
—¿Que es eso?
—Cuando todo está en orden exteriormente, pero dentro tuyo sentís que te falta algo o alguien, y solo ese algo o alguien puede calmar el pequeño vacío.
—Ah—murmura sorprendido—Ser divino ¿Como se dice cuando te arrepentis de un daño cometido hacia otro ser?
—Perdón, me perdonas, lo siento, disculpa.
—Bueno. Ser divino, disculpa, perdón, lo siento ¿Me perdonas? No fue buena idea decirte todo eso que te dije mientras estaba dentro de esos metales—señala el carrito.—Espero que aceptes mi disculpa.
Le sonrió y asiento.
—Perdonado, ser espacial. Ahora ¿Queres ir a tomar una taza de té en el techo de mi casa?
—¡Claro que sí!
Expresa alegremente, y se vuelve a subir en el carrito. Me río y lo empujó hasta la caja, para pagar el aceite y el dulce de leche. Mientras está en la fila me mira con un claro gesto de alegría que me endulza un poco el alma.
—Te extrañe ¡Qué bueno que decidí volver!
A veces el orgullo se rompe, y de ahí se abre un manantial de posibilidades, entre ellas: la paz.

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