Fragmento: "Hijos del Rigor"

Quería entender demasiado muy rápido o seriamente me estaba preocupando por saber que era eso de el amor en su gran plenitud.
A lo largo de mi vida había visto morir el amor tantas veces en personas terceras a mi, que me cuestionaba constantemente si existía alguna forma de parar el desastre de la perdición a algo que crece poco a poco y termina tan de repente. Recuerdo haberle preguntado a mamá si papá era un hombre fiel a sus convicciones o tambaleaba ante nuevas ideas y dejaba medias las que tanto había trabajado, se que ella entendió mi punto de partida: "¿papá sería capaz de dejarnos a nosotros por otra mujer años más joven y más dócil?" mamá no me contestó, pero logre interpretar algo subliminal detrás de su mirada.
La respuesta se dio sola ese mismo día por la tarde; papá vino a despedirse con maletas en manos y dejando un papel sobre la mesa, supuse lo que era pero me dolía tanto el corazón que no me atreví a certificar el momento. Papá le estaba pidiendo el divorcio a mamá.
Jamás vi llorar tanto a una mujer como vi a mi vieja esa tarde; la escuche murmurar al teléfono varios "¿y que hacemos con Miguel?" la gran cuestión era yo, pero sabía que mamá sólo me estaba usando de pantalla para lograr juntar partecitas de ese hombre que se enamoró de ella en la secundaria y que hoy era alguien completamente distinto.
El peso de curar las heridas psicológicas que papá le había dejado a mamá me estaban perforando el alma y el corazón de tal manera que tenía miedo a futuro. No quería pasar por eso ni hacer pasar por ello a una mujer. Pero ¿y si lo hacia? Hay cosas que un hombre no puede controlar, como el amor efímero que viene disfrazado de eternidad, se que nos cegamos tan brutalmente que vemos mandarinas donde hay un naranjo y tiramos la finca.
No logró entender como el amor puede admitir derrotas o fracasos. El amor busca revancha cueste lo que cueste, porque sino no es amor.
Mis viejos no se amaban, o tal vez si pero lo habían olvidado.
Escuche a muchas personas diciendo que el amor pelea hasta donde tuviéramos puños para golpear al fracaso, y si ya no habian fuerzas se acepta la derrota tirando al aire un "si lo amas, dejalo ir"; no me veía jamás dejando ir a la mujer que amo con las fuerzas de mi universo interno. Todavía no conocía a tal mujer pero ya estaba dispuesto a pelear por su amor costará lo que costará.
Tenía que agradecerle algo a papá: aprender a que jamás debía ser como el.
La voz de Marina me trae de nuevo hacia tierra firme y me volteo a mirarla encontrándome con sus grandes ojos verdes. No se porque pero las palabras de mi abuelo diciéndome que el amor era eso que sentías cuando no podías hablar frente a una mujer y que también era el miedo de no ser lo que debías ser para ella. Sonrei y ella imitó mi gesto.
—¿Entonces que hacemos? ¿Te quedas o te vas?
Pregunta de forma tan firme que la admiró, me contempló ante su determinación y me quedó mudo. No se que contestar, tengo miedo.
—¿Vos que queres?
—Que te quedes.
Entendí algo, solo un poco, una mínima parte: Ella quería que me quede después de los gritos y errores cometidos, y eso ya era parte de un complejo concepto al cual estaba decidido a aprenderlo con ella. No sabía que podía llegar a pasar, pero estaba seguro de que existía algo a lo cual me negaba: a no enamorarme de ella.

Entradas más populares de este blog

Ultima carta de Frida Kahlo a Diego Rivera

Tierra